miércoles, 18 de marzo de 2020

Más que la miel


Marzo 18,   Lectura: Romanos 2:5-11
El justo juicio de Dios
En la vida del que confía en la moralidad hay  dureza. Por la idea que tiene de no  necesitar a Dios,  de sentirse bueno, de creerse mejor que los demás. Sin embargo, al hacer esto sólo se reserva a la ira y juicio de Dios. La razón es su corazón no arrepentido.
El justo juicio de Dios pronto se ha de revelar, Las dos vertientes tienen un eje: “pagará a cada uno conforme a sus obras” (v. 6).
Las vertientes son:
1. Vida eterna a los que no se cansan de hacer el bien. Ira y enojo a los desobedientes.
2. Tribulación y angustia al que hace lo malo. Gloria, honra y paz al que hace lo bueno.
Para Dios no hay acepción de personas, cual sea la condición, será el juicio de Dios.
Sana doctrina: El corazón no arrepentido del moralista lo hace ser duro; El juicio de Dios es justo porque paga a cada uno según sus obras y porque no hace acepción de personas, es absolutamente imparcial.

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