lunes, 9 de marzo de 2020

Más que la miel


Marzo 9,  Lectura: Salmo 147:1-20
Tantos son los favores de nuestro Dios que la única respuesta hacia ello debiera ser la alabanza. No hacerlo es ingratitud.
Para  el salmista alabar a Dios es bueno, porque la alabanza es suave y hermosa.
Particularmente el salmista destaca lo hecho a Jerusalén y a sus moradores, los cuales hará regresar del exilio. Con ninguna otra de las naciones ha hecho así el Señor (vs.12-20). Sin embargo, también es motivo de alabanza el alivio que da al que sufre; algo que es común a muchos. ¡Cuánta grandeza hay en nuestro Dios! Su entendimiento es infinito, prueba de ello es que “él cuenta el número de las estrellas” y también las “llama por su nombre” (vs. 1-6).
Pero el Señor extiende sus favores a todos, con la lluvia que hace que la tierra fructifique, aún a los animales del campo. La segunda sección termina con lo que no le deleita: “la fuerza del caballo” en la que el hombre confía; lo que no le complace; “la agilidad del hombre”, que lo hace sentirse autosuficiente. El Señor se complace “en los que le temen, y en los que esperan en su misericordia” (vs. 7-11).

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