martes, 24 de diciembre de 2019

Navidad


“Nuevas de gran gozo” (Lucas 2:10).

Aunque en todo tiempo son deseables las buenas noticias, en estos días especialmente, la humanidad las necesita y, que mejor que darle aquella que los ángeles dieron a humildes pastores en los campos de Belén: “Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor” (Lucas 2:11).
Esta noticia es de ocho columnas; la exclusiva no fue sólo para los pastores, ya que su fuente,  Dios, se  interesa en todo el mundo y en particular él  quiere que  usted esté  bien.
 Nuestro deseo es que esta  noticia anule todo efecto de desesperanza y temor que están provocando  aquellas malas noticias que están  hablando  de crisis y de violencia.
Analicemos la primera frase de la noticia: “Os ha nacido hoy” .
Cuando ocurre un nacimiento, se dice que a unos padres  les ha nacido un bebé y lo más que se hace es incluir al resto de la familia en esta expresión. Si lo dijeran a alguien que no fuera miembro de esa familia, solo si hay un afecto muy profundo de esta persona para la familia, acogería con alegría la buena nueva, pero de ahí, a quien más le importa. Dios participa del feliz acontecimiento, y no es sólo para los pastores ni para los moradores de Belén,  lo hace para todos y para que seamos parte de la noticia, porque es una noticia de interés universal. Esperamos que esta noticia lo llene a usted de regocijo y paz, porque lo importante de todo esto es que Dios cumplió lo que había dicho antes por medio de sus profetas y, el tiempo para enviarnos a su  Hijo había llegado. Si el mundo se regocija cuando los famosos presentan orgullosos a sus hijos, y esto produce la alegría de sus seguidores, cuánto más debiera producir en el hombre la noticia de la antigua historia.
La siguiente frase nos habla del lugar de nacimiento: “En la ciudad de David”.
 La ciudad de David era Belén o Bethlehem  y significa "casa de pan". Estaba escrito que había de ser en Belén, y ahí fue: “Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel” (Miqueas 5:2). Geográficamente Belén era una ciudad  pequeña  y se encontraba a 8 km al sur de Jerusalén. Estaba en una zona montañosa, a 777 metros de altura sobre dos colinas, en un bello paraje. Ninguna comparación con las urbes de la época, ni mucho menos con las de nuestro tiempo. Sin embargo, que haya sido el lugar escogido por Dios, la coloca por sobre todas estas.  Las grandes ciudades lo son por sus hombres o porque existe en ellas algo digno de admirarse. Belén es bella y es grande porque allí nació la persona más digna de admiración que jamás haya existido.
La frase “Un Salvador” es clave en el contenido de la noticia y de suma importancia, ya que precisamente, como entonces, también hoy, la gente está necesitada de salvación, la cual solo es posible a través de este Salvador, porque no hay nadie más ni en ningún otro la hay (Hcechos 4:12). La salvación que ofrece este gran Salvador es para que usted salga de la crisis que por el  pecado está padeciendo y cuyos efectos están claramente descritos en Efesios 2:1-4 y de la violencia de la que está usted siendo objeto por parte del enemigo de las almas, el diablo (Hebreos 2:14).
La última frase: “Que es Cristo el Señor” es garantía para usted y parte medular de la noticia. No debe quedar  ninguna duda en usted de que la salvación será efectiva en función de quien es el Salvador: Es el Ungido de Dios, su Enviado, para eso nació, para eso vino a este mundo aquel que “siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2:6-8).
Lo que comenzó en un humilde pesebre, allá en Belén tuvo su culminación en el Calvario.
¿Qué efecto va a causar en usted la noticia más grata que jamás se haya dado en toda  la historia de la humanidad?

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