lunes, 25 de noviembre de 2019

Más que la miel


Noviembre 25  Lectura: 2 Corintios 1:1-11
Padre de consolación
Comenzamos las meditaciones de la Segunda Carta del Apóstol Pablo a los Corintios, como siempre, que haya bendición.
En su salutación el apóstol Pablo y Timoteo dirigen la carta “a la iglesia de Dios que está en Corinto, con todos los santos”. Como en la mayoría de sus cartas desea  gracia y paz de Dios Padre y del Señor Jesucristo (vs. 1,2). La iglesia es de Dios, formada por santos, personas que han sido apartadas por su fe en Jesucristo.
Que sea de gran significado para nosotros la paternidad de nuestro Dios y recibamos la bendición de sus misericordias y consolación (v. 3).
La consolación de nuestro Padre Dios ha de fluir en la tribulación. Si él nos consuela, es para que nosotros, con la consolación divina, consolemos a los atribulados. La consolación divina tiene nombre: Cristo (vs. 4, 5).
Este proceso lo lleva el apóstol a que lo experimenten los corintios, es decir, que la tribulación de Pablo sea consolación y salvación para ellos, así también la consolación del apóstol. Esto surtirá efecto por las mismas tribulaciones que padezcan los corintios y el apóstol. Esto es un compañerismo efectivo (vs. 6, 7).
La tribulación abruma más allá de las fuerzas, aún hasta perder la esperanza de conservar la vida, pero evita la confianza en sí mismo, para ponerla en Dios; produce cooperación en oración y acciones de gracias. En estas situaciones en las se pueden encontrar los hermanos, es imperativo remarcar que Dios es el que libra (vs. 8-11).

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