domingo, 3 de noviembre de 2019

sábado, 2 de noviembre de 2019

Poesía y pensamientos


¿Por qué escondimos de ti nuestro rostro?
¿Por qué no hubo respuesta a tu clamor?
¿Por qué preferimos a aquel otro
Y no al que era y es puro amor?

Cuánto fue Señor, tu sufrimiento,
Tanto que tus días sólo eran:
Humo, hierba, sombra y pensamiento,
Que el vil quería que ni esto fueran.

Como en un desierto, en la soledad,
Solitario, mi Señor fuiste afrentado.
Fuiste arrojado al suelo sin piedad,
Mírote en cruz brutalmente humillado.

Más no estás en cruz, Señor, mi Salvador,
Ahora en gloria estás, eternamente,
Si en cruz te vi mi Amado Redentor,
Ahora intercedes por nos, y es para siempre.

Más que la miel


Noviembre 2  Lectura: Salmo 102: 1-28
La cruz de Cristo
Meditemos en nuestro Salvador. De él hemos de decir que todos escondimos el rostro (v. 2; Isaías 53:3) y que  su voz no halló respuesta (v. 2; Mateo 27:46).
A los treinta años el Señor comenzó su ministerio, y a los treinta y tres, los hombres le mataron; con razón sus días fueron como humo, como sombra, como hierba (vs. 3, 11).
El Señor en la cruz sufrió lo indescriptible: En lo físico, sus huesos los sentía quemados y pegados a su carne  (vs. 3, 5), seguramente los estragos que causaban la muerte por crucifixión, en la postura que tenían y la violencia con que eran crucificados, les hacía tener esta sensación. Moralmente su corazón estaba herido y seco (v. 4). Sin embargo, estamos seguros que  estuvo siempre inflamado de amor por su criatura.  
Como el pelícano, como el búho y como el pájaro solitario. Nótese lo que caracteriza a estas tres aves: la soledad. El Señor, en Getsemaní y en el Gólgota, estuvo solo como en un desierto, en inmensa soledad y así solitario, sufrió la muerte de cruz (vs. 6, 7).
Los soldados romanos, los principales, el pueblo, pero también usted y yo, afrentamos al Señor, nos enfurecimos contra él (¿cuántas veces lo ha hecho cuando le hablan de su bendita persona?), conjuramos, de tal manera que la satisfacción de sus necesidades básicas fue con lágrimas (vs. 8-11). Medite usted en el resto de la porción; encontrará que el Señor vive (vs. 12- 14); evangelismo (vs. 15-22);  eternidad y esperanza (vs. 25-28). Demos gracias.

Versículo del día

Soy semejante al pelícano del desierto; 
soy como el búho de las soledades;
velo, y soy como el pájaro solitario sobre el tejado 
(Salmo 102:6,7).


viernes, 1 de noviembre de 2019

Poesía y pensamientos


El camino de la perfección entenderé,
Cuando a mí vengas Señor;
Con corazón íntegro andaré,
En medio de tu casa con amor.

Cuidaré lo que veo con mis ojos:
Cosas injustas y obras que aborrezco,
Nada que haga el que está lejos,
Pues yo Señor te pertenezco.

Me apartaré de corazón perverso,
A malvado alguno no conoceré,
Son los fieles en quienes me intereso,
Y de los perfectos yo me serviré.

Cuida a tu familia del que hace  trampas,
No le tengas nunca en medio de ti,
Que el mentiroso no se halle firme,
Y con sus mentiras  la destruya así.

Más que la miel


Noviembre 1  Lectura: Salmo 101: 1-8
Anhelos
Hay grandes anhelos en este Salmo: (a) Entender el camino de la perfección (v. 2), ¿es posible? Sí, cuando se conoce al Señor para que esté en nosotros, aunque teniendo en cuenta el compromiso de andar con un corazón íntegro; (b) Cuidar lo que vemos (v. 3); que no vea nada injusto; el compromiso será: desechar las malas acciones; (c) De quien hemos de apartarnos (v. 4); de personas sin entrañas y malvadas; no podemos tener compañerismo con los tales, aunque recordemos: nuestra lucha no es contra sangre y carne (Efesios 6: 12); (d) Con quien hemos de juntarnos (v. 6); no ha de ser el de mejor posición económica, no ha de ser el más popular; que sea  el más fiel, aquel que mejor nos sirva por su andar en el camino de la perfección; para que estén con nosotros; (e) Con quienes hemos de morar (v. 7); ni con el tramposo, ni con el mentiroso. Que no haya de estos en nuestras familias, ni donde estemos. Aunque recordemos que somos sal de la tierra y luz del mundo (Mateo 5: 13,14). Que estos sean nuestros anhelos para un andar digno (Efesios 4:1).

Versículo del día

Entenderé el camino de la perfección 
cuando vengas a mí.
En la integridad de mi corazón andaré en medio de mi casa
(Salmo 101:2).

Poesía y pensamientos

Busca hacer lo recto, lo pide el Señor, Mira, tus acciones, las ven alrededor, Los que te conocen, atestiguarán, Y aunque sean peo...