jueves, 24 de octubre de 2019

Más que la miel


Octubre 24 Lectura: Deuteronomio 34:1-12
Muerte de Moisés
Terminamos nuestra meditación del quinto libro de Moisés, Deuteronomio, que a su vez, es el quinto libro del Pentateuco, formado por los primeros cinco libros de la Biblia: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio.
Fue en la cumbre del Pisga desde donde Jehová le mostró la tierra a Moisés. La tierra que Dios había prometido a Abraham, Isaac y Jacob. Allí murió Moisés.
Su sepelio. Dios mismo lo enterró y ninguno conoce el lugar de su sepultura.
Su deceso ocurre cuando tenía ciento veinte años y sus ojos nunca se oscurecieron, ni perdió su vigor.
Su duelo. Los hijos de Israel le lloraron por treinta días.
Su sucesor. Porque Moisés puso sus manos sobre Josué, fue lleno del espíritu de sabiduría. Los hijos de Israel le obedecieron.
Palabras finales: (a) No hubo profeta como él; (b) Conoció a Jehová cara a cara; (c) Nadie como él en todo lo que hizo en Egipto y a la vista de todo Israel.
Moisés fue un hombre extraordinario. Nosotros pensemos en dos cosas: (a) “Los que mueren en el Señor… descansarán de sus trabajos, por sus obras con ellos siguen” (Apcalipsis 14:13); (b) “Los que están con él (Cristo) son llamados y elegidos y fieles” (Apocalipsis 17:14).

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